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El mito del crecimiento sostenible

Durante la última década el urbanismo se ha empeñado en establecer que el crecimiento urbano es compatible con el concepto de sostenibilidad, entendido como la necesidad de trasladar el mundo a las generaciones futuras en las mismas o mejores condiciones en las que está ahora.

Desde mi punto de vista de biólogo conservador he evitado desde hace muchos años ver las cosas desde un punto de vista catastrofista. La magnitud del planeta y la fortaleza de la vida siempre han pesado más que el potencial perjuicio de la acción humana. Pero es preciso rendirse a la evidencia y pensar que no vamos por buen camino, que dejar para mañana lo que podemos hacer hoy (el popular concepto de procastinación) nos puede conducir a una situación irreversible. 

Introducción

La superficie antropizada del planeta, es decir la transformada por la actividad humana, ocupa en este momento dos terceras partes del espacio terrestre. Ello supone que el ecosistema prexistente ha sido parcial o completamente sustituido por un sistema humano.

Las porciones del planeta restantes no han quedado intactas por una voluntad humana de preservación, sino porque su antropización era muy costosa como en el caso de las selvas amazónicas o africanas, o porque no tienen aprovechamiento económico posible como los desiertos calientes o los desiertos fríos polares. Y asumiendo, como un hecho comprobado, el calentamiento global del planeta, incluso estos ambientes extremos ya están en peligro de cambio catastrófico.

Así vista la situación, lo que tenemos es un planeta que ha desarrollado vida compleja y diversa a lo largo de 5.000 millones de años (un tercio de la edad del universo), y que está siendo exterminada en el ridículo plazo de 300 años.

En esos 5.000 millones de años han pasado muchas cosas, entre ellas varias extinciones masivas, todas ellas por causadas por catástrofes naturales, pero ahora mismo se está produciendo una última extinción masiva, en esta ocasión causada por la actividad suicida de una sola especie.

En la dinámica de poblaciones, la superpoblación explosiva de una especie suele ser causa de alteraciones catastróficas de su hábitat, incluso con riesgo de extinción, pero se provocan por especies que obedecen ciegamente a su mandato genético. En nuestro caso se provoca por una especie que es consciente del daño y del peligro.

Esa conciencia del daño al planeta penetra poco a poco en la sociedad informada (una minoría) y se concreta en innumerables movimientos de protección del mundo natural. Unos de carácter científico serio y riguroso, otros populistas que aprovechan para pescar en aguas revueltas, incluso algunos religiosos que vaticinan el fin del mundo. Pero precisamente por su fragmentación tantos movimientos no podrán detener, ni siquiera atenuar, este proceso de degradación planetaria.

Yo diría que la especie humana se enfrenta a una responsabilidad universal. Por ahora parece que la vida es un fenómeno raro, al menos en nuestra parcelita de universo, y nosotros nos estamos cargando un ejemplo increíble de vida. Estamos atentando contra el Patrimonio Natural Universal, si en el futuro sobrevive la especie humana o llegan visitantes extraterrestres mirarán atónitos este genocidio.

Análisis

El crecimiento de la población humana se está ralentizando, las estimaciones la sitúan en 12.300 millones de personas en el año 2100. Parece que los descensos de natalidad producto del desarrollo económico y cultural están actuando por fin a escala global. Por el contrario, lo que se producirá es un incremento de la vida media y una inversión de la pirámide de edad, fenómeno que puede agudizarse si las técnicas de alargamiento de la vida humana consiguen lo que prometen, y no hay duda de que lo conseguirán.

Parece que el problema de las ciudades no vendrá dado por un crecimiento demográfico geométrico, sino más bien por un fenómeno de concentración de toda la población rural en las ciudades y un crecimiento de la urbanización que convertirá en continuos urbanos a grandes áreas de los países más densamente poblados.

Ante estos desafíos notables e inevitables hay que definir un nuevo urbanismo basado en las siguientes (y claramente utópicas) condiciones:

Uno) Limitación del espacio urbano.

La teoría urbanística establece que las áreas urbanas actuales oscilan entre un mínimo de 70 hab/Ha y no deben superar los 400 hab/Ha. Aunque ha habido épocas donde la densidad ha llegado a alcanzar los 1.400 hab/Ha como en Manila hacia 1830, actualmente la densidad media es aproximadamente de 400 hab/Ha.

Si toda la población humana prevista para el año 2100 se concentrase en una ciudad poco densa de 70 hab/Ha ocuparía 1.556.962 km2, la superficie aproximada de Mongolia o de tres Españas. En una ciudad densa de 400 hab/Ha podríamos alojar a toda la población humana en una superficie similar a España.

Dado que no es viable el abandono de las ciudades actuales y su concentración en una única ciudad, se deberá establecer un ámbito urbano máximo para cada una de ellas, de forma que deberán ser los procesos de mejora urbana y densificación los que permitan incrementar su población.

Para reducir el estándar de superficie urbana media y favorecer la densificación podrán estimarse medidas globales como:

  • decremento de la superficie de las viviendas

  • reducción al máximo del espacio dedicado a red viaria gracias a la reducción drástica de las necesidades de movilidad por el teletrabajo, la impresión 3D, el teleocio, la administración electrónica, la telemedicina o el teleturismo

  • incremento de la altura de la edificación formando esas ciudades multinivel que siempre nos ha presentado la ciencia ficción

  • y por supuesto la renuncia a los grandes espacios abiertos sustituidos por el ajardinamiento local y los edificios verdes

Es preciso un convenio mundial de limitación del espacio urbano.

Dos. Limitación del espacio agrario/ganadero/piscícola

La superficie de tierra cultivable por persona en el mundo ha bajado de 0,37 a 0,19 Ha/hab desde 1961 a 2015 (World Bank Group). La progresiva sofisticación agrícola es probable que reduzca aún más ese indicador para final de siglo. Las técnicas agrícolas, ganaderas y piscícolas son progresivamente más eficientes. Sin duda la agricultura de finales de siglo estará dominada por cuatro tecnologías: la agricultura robotizada, los cultivos intensivos cubiertos basados en técnicas hidropónicas, la mejora genética y los alimentos obtenidos por síntesis bacteriana. Pongamos que con todo ello alcanza un límite estable de 0,15 Ha/hab.

Con ese límite la necesidad de tierra cultivable para soportar a toda esa población sería de 18.450.000 km2, un poco más de la superficie actual de Rusia o la suma de Canadá y Estados Unidos.

La tendencia actual es muy diversa, en los países desarrollados poco a poco la despoblación rural está abandonando grandes zonas de bajo rendimiento agrícola, algunas se renaturalizan rápidamente, otras están abocadas a la desertificación. En otros países el suelo agrario está creciendo a costa de las selvas amazónicas. En conjunto la tendencia es hacia la reducción.

Es preciso un convenio mundial que identifique los espacios actuales más productivos, concentre en ellos la producción y preserve el resto del espacio para su evolución ecosistémica natural. Se deberá abandonar por completo la pesca en alta mar y ser sustituida completamente por espacios marinos cerrados de piscicultura.

Todas las necesidades humanas de vegetales y ganadería, incluida la madera, deberán ser satisfechas utilizando los recursos existentes en el espacio agrícola delimitado. Si se produce un incremento de la necesidad de recursos se deberá resolver mediante la mejora de la eficiencia.

**Tres. Aislamiento **

El metabolismo urbano debe independizarse al máximo de las zonas naturales colindantes. La antropización, por ligera que sea, modifica de forma irreversible los ecosistemas naturales. Ese aislamiento afecta a todos los posibles intercambios: energéticos, gaseosos, biológicos o hidráulicos. Esto supone que, en cierta forma, la especie humana se ha convertido en una especie tóxica para el planeta y que debe estar aislada.

Es preciso un programa mundial de aislamiento del metabolismo urbano y agrícola del espacio circundante, que utilice a fondo todos los sistemas actuales de control y reutilización de energía y residuos para lograr un metabolismo humano de impacto cero.

Cuatro. Protección dinámica

Se debe liberar el máximo de espacio terrestre para que pueda ser recuperado por los ecosistemas naturales. No se trata tanto de proteger su estado y composición actuales, como de proteger su dinámica y mecanismos naturales de evolución, mecanismos que en muchos casos no somos capaces de ver o comprender dada la lentitud a la que se producen con respecto a la dinámica humana.

Deberá haber un convenio mundial de ayuda a la recuperación rápida de la dinámica natural de los ecosistemas actuales y de los que se creen por abandono de la actividad humana en ellos.

Cinco. Traslado

Si la tecnología humana nos ha permitido habitar y transformar ecosistemas hostiles a la vida humana, hemos de potenciar al máximo esa capacidad para ocupar los espacios terrestres que no son capaces de soportar vida natural, precisamente los desiertos calientes y fríos y la superficie o profundidades de los desiertos marinos.

Con los consumos de suelo urbano y agrario antes indicados toda la población humana del siglo XXII podría vivir en una superficie equivalente a Canadá, Estados Unidos y México. O mejor al espacio ocupado por todo el norte desértico de África y Arabia, o todo el centro semidesértico de Asia, dejando libre el resto del espacio terrestre.

Es preciso un convenio mundial que favorezca la urbanización del espacio inhóspito del planeta liberando a cambio el máximo de espacio posible a la dinámica natural.

Todo esto supone iniciar una revolución completa en nuestra forma de hacer ciudades, en su posición y formas de administración y en su metabolismo e interacción con su medio. Hasta el punto de que no puede haber mucha diferencia entre un hábitat humano en la tierra, frente a un hábitat humano en el espacio, en el primer caso porque el hábitat humano es hostil a su entorno y en el segundo porque el entorno es hostil al hábitat humano.

Si la tecnología de fusión cristaliza en algo usable, el aprovechamiento de la radiación solar se hace más eficiente, se optimiza el consumo de energía en los procesos industriales y urbanos y se elimina por completo la dependencia de los combustibles fósiles, no hay duda de que grandes poblaciones humanas pueden sobrevivir en la tierra sin necesitar más recursos naturales que un espacio limitado, agua salada, sol y minerales obtenidos por excavación profunda o directamente del agua de mar.

Conclusión

El crecimiento urbano sostenible es un mito, no puede haber crecimiento sin impacto negativo, en realidad el planeta ya ha sido gravemente afectado por el crecimiento de la actividad humana. La única solución viable es una modificación drástica de nuestra forma de interacción con el planeta.

Desarrollando la Smart City

En una entrada, ya antigua, de este mismo blog (¿Vamos bien encaminados para llegar a la ciudad inteligente?) hice algunos comentarios sobre el proceso de cambio, los nuevos dispositivos y los medios de implantación de la Smart City. Creo que aún son vigentes. Pero en esta entrada quiero profundizar un poco más para responder a las preguntas sobre el desarrollo de una Smart City: Quién, Cómo, Cuándo y Qué se debe hacer.

Ya hay muchos tópicos escritos sobre los desafíos a los que se enfrentan las ciudades del futuro: el  envejecimiento demográfico, la inmigración rural, el cambio climático y los riesgos naturales, los problemas de suministro de energía, el bajo nivel de urbanización y la edificación deficiente, la informalidad y la inseguridad, los problemas de movilidad, la desigualdad social y el desempleo juvenil… Nuestras ciudades sufren de estrés y parece que la tendencia es a que se agudice.

Y ante este panorama, aparentemente tan desalentador, siempre hay una interpretación positiva: nunca como antes la humanidad es más consciente de que todos somos uno, subidos en un frágil planeta y con la ineludible necesidad de entendernos. La cultura, las oportunidades de desarrollo personal y de empleo nunca han sido tan accesibles como ahora. Hoy la humanidad está en clave de progreso, todos sabemos que el mundo puede ser mejor, nadie se plantea que la vida de sus hijos será igual que la suya, será distinta, esperemos que mejor. Una forma de pensar que es bastante nueva, solo tres o cuatro generaciones nos separan de un mundo en el que los padres esperaban para sus hijos lo mismo que ellos tuvieron.

Todo está sujeto a cambio, la agricultura, la ganadería, la minería, la industria, el comercio, la educación, el ocio, la medicina, la física, la química, la energía, la biología, la gobernanza, el transporte o la movilidad. No hay ningún sector de la actividad humana que se mantenga a cubierto del cambio. Y eso es porque nuestra actitud ya no concibe la vida sin cambio, sin progreso. El efecto más importante de la globalización es precisamente ese cambio de mentalidad, una mutación que se ha convertido en el satán de las religiones y culturas tradicionalistas, sabedoras de que si ese virus infecta a sus juventudes, su modo de vida inevitablemente cambiará. 

La multiculturalidad es el resultado de la necesaria convivencia entre los valores tradicionales y la actitud de progreso, porque la capacidad para fusionar lo antiguo con lo moderno determinará el éxito o el fracaso de las culturas tradicionales. Y las ciudades son el marco decisivo donde conseguir esa capacidad de fusión. Es en ellas donde el espacio de convivencia puede jugar como aglutinante, donde el contacto enriquece y se puede diluir el rechazo o el miedo al ajeno, al extranjero, al desconocido, donde aparecen nuevas culturas que ya no están ligadas a un territorio, a una religión o a una raza y que se difunden como la pólvora por Internet para cristalizar en el espacio urbano..

En este ambiente, todos los actores urbanos necesitan adoptar decisiones, los desarrolladores para concluir buenos negocios, los industriales y  comerciantes para localizar su actividad en el lugar más oportuno, los ciudadanos para encontrar un lugar donde vivir, trabajar y formar sus familias, los visitantes para aprovechar al máximo su tiempo de ocio, los regidores para proporcionar a todos un marco urbano adecuado, bien equipado y eficiente, que sea orgullo de sus ciudadanos. Decisiones que exigen conocer la ciudad y precisamente si algo caracteriza a esta sociedad es su vocación de formar una cultura del conocimiento.

Aquí es donde aparece el concepto de Smart City que pretende aplicar tecnología para conseguir esos objetivos y que está teniendo un enorme éxito, pero la tecnología no puede limitarse a sistemas de parking inteligente, ni a baldosas wifi o alumbrado sensible a la presencia humana. Tampoco consiste únicamente en desplegar sensores ni diseñar sistemas de big data. Estamos en un momento donde los sistemas de mas éxito son los que intentan integrar la multiplicidad de plataformas, interfaces y minisistemas que la industria ha aplicado a la ciudad: por eso es preciso que se inste a la industria a crear estándares que faciliten el despliegue de sistemas.

Por todo ello creo que es el momento para obtener una respuesta a las preguntas ya enunciadas: Quién, Cómo, Cuándo y Para qué el desarrollo de la Smart City.

Hacer ciudad no es solo responsabilidad de la gobernanza de la ciudad, es de todos los ciudadanos. No olvidemos que un porcentaje muy elevado de la ciudad es espacio privado. En España solo hacen ciudad los desarrolladores (entre a los que incluyo las empresas de infraestructuras) (bien es cierto que a veces los gobiernos actúan como desarrolladores), pero lo que quiero decir es que tanto el espacio público como el espacio privado se construyen por el desarrollador. Una vez construido, el espacio público se cede a la gobernanza, que se ocupará de su conservación y mantenimiento. En otros países el mecanismo es diferente y el espacio público siempre se construye por la gobernanza, o incluso en algunos casos toda la ciudad es completamente construida por la gobernanza.

Desde mi punto de vista español, la respuesta a la pregunta es clara: en los nuevos espacios urbanos la Smart City la construyen los ciudadanos, en los espacios privados la construyen también los ciudadanos y en los espacios públicos ya existentes la construye su conservador, normalmente la gobernanza.

Para implicar a los ciudadanos y desarrolladores es preciso que la industria haga productos capaces de concitar el interés público por su utilidad. Si ahora todos usamos un smartphone no es porque la gobernanza nos lo haya impuesto sino porque aporta innegables ventajas para todos.Los ciudadanos deben llegar a la conclusión de que adquirir nuevos productos va a mejorar su calidad de vida, que serán productos divertidos y útiles, que serán atractivos y que… (en último lugar) mejorarán su eficacia energética, abaratarán la factura mensual de energía, el coste de los servicios urbanos o la cuantía de los impuestos o tasas. La experiencia nos demuestra que el precio o ahorro no siempre son los factores mas influyentes en la decisión de compra.

La industria , debe abandonar el modelo de domótica como sistema cerrado dentro del hogar hacia el de urbimática como modelo abierto a la ciudad, conectar los espacios privados con el los públicos para poder concebir la ciudad como un gran organismo cibernético. Los proveedores de los nuevos productos deberán competir por ofrecer el mejor, el mas atractivo o el mas barato, cada seis meses uno mas potente. Investigarán más, mejorarán sus productos e innovarán en proporción al rendimiento económico que esas mejoras tengan en el mercado. La economía de mercado es la que ha impulsado la mejora tecnológica y también lo deberá hacer en este nuevo segmento.

Pero además de construir Smart City en su ámbito de responsabilidad, la gobernanza tiene una obligación prioritaria: planificar, fomentar, coordinar, ayudar o incluso exigir la implantación de soluciones Smart City. Proporcionar un impulso institucional con políticas fiscales y tarifarias que incentiven la instalación de nuevos dispositivos. Sobre todo cuando contribuyen a informar a la ciudad. En la medida en que el mercado provea a la ciudad de dispositivos inteligentes, capaces de informar del estado de las cosas a sus propietarios, éstos estarán en situación de compartir esa información con la ciudad, por tanto los gobiernos locales pueden ser beneficiarios en segundo plano de esos productos.

Ya comenté en otras entradas que la Smart City no puede ser el producto de una acción expresa. No es algo que se compra y se instala. No son solo aparatos y conexiones. La Smart City es un nuevo paradigma de funcionamiento de las cosas y las personas de la ciudad que se pone en marcha cambiando, ampliando o extendiendo los procesos ya existentes de construcción, mantenimiento y uso de la ciudad. Deben cambiar las costumbres y las conductas de todos, debe cambiar la legislación y las ordenanzas, deben cambiar los planes y proyectos, debe cambiar la forma de construir, de usar y de conservar. El gobierno deberá adoptar nuevas políticas para que las cosas inteligentes sirvan lo mejor posible a los intereses de la ciudad, fomentando el uso de los mas útiles y desalentando el uso de los menos útiles.En muchas ocasiones son cambios sutiles de comportamiento, en otras son nuevas, evidentes y costosas características de las infraestructuras, de las edificaciones, del mobiliario urbano o de los medios de transporte. 

La gobernanza, en su papel de fomentar el desarrollo de Smart City, lo podrá hacer aprobando planes, formando a los agentes urbanos y a los ciudadanos, financiando iniciativas, aprobando cambios legislativos. garantizando la privacidad de las personas ante un ambiente cada día más electrónico.

Por supuesto la gobernanza, como propietario de un porcentaje importante de los elementos de la ciudad, (más del 30% de la superficie de la ciudad está ocupado por viales y parques) deberá ser el primer consumidor de estos nuevos productos. (deberá dar ejemplo)

Cuando digo que se pone en marcha no quiere decir que se consiga a corto plazo, seguramente será un proceso sin final, precisamente porque estamos inmersos en una cultura del cambio. Nuestra ciudad ya no será la ciudad de nuestros hijos ni mucho menos la de nuestros nietos. Simplemente hay que poner las cosas en marcha y poco a poco, sin casi darnos cuenta pintarán un escenario nuevo. Es como la telefonía móvil o la televisión por datos. Un día se ven como ciencia ficción y diez años después nadie recuerda cómo vivíamos sin ellas.

Lo que sí tenemos por cierto es que hay que empezar ya mismo, porque muchas posibles acciones, como luego veremos, no exigen grandes inversiones, ni tecnologías disruptivas, a veces solo precisan un cambio de actitud.

Al repasar la literatura sobre Smart City y la oferta de productos existente, aparece un universo de productos, recomendaciones, casos de éxito, (los casos de fracaso no suelen documentarse). Una jungla en definitiva que hace complicado tomar decisiones, vale hay que moverse, pero ¿en que dirección?. ¿Hay que hacer una evaluación previa del estado de la ciudad, tomar la temperatura al enfermo, hacer un diagnóstico y proponer un tratamiento?. Quizá se nos pase el tiempo en dudar y al final no hagamos nada. ¿O es mejor tomar al toro por los cuernos y buscar una acción económica, resultona y rápida que demuestre la voluntad de la gobernanza por mejorar la ciudad?. Pero quizá nos equivoquemos y al final el enfermo empeore.

Bueno, veamos los campos posibles de actuación. Sin intención de ser exhaustivo hay multitud de campos de actuación susceptibles de adoptar estrategias de Smart City, cada uno de los enunciados tiene a su vez varios actuaciones a contemplar que no detallo:

  • Medio Ambiente: clima, calidad del aire, calidad de las aguas, calidad del suelo, ruido, parques y jardines, riesgos naturales

  • Infraestructuras: electricidad, alumbrado, agua, saneamiento, limpieza y residuos, gas, calefacción, telecomunicaciones, riego, hidrantes

  • Urbanismo: planificación, informalidad, edificación, vía pública, mobiliario urbano

  • Movilidad: señalización, tráfico, transporte, estacionamiento, puntos de conflicto, accidentalidad

  • Medio social: atención social, salud, educación,cultura, deporte, seguridad y protección civil, ocio, información ciudadana, bienestar social, renta, innovación.

  • Economía: fomento empresarial, ferias y mercados, turismo, empleo, población excluida, demografía, actividad industrial, actividad comercial, actividad de oficinas, actividad residencial, precios del suelo, precios de la edificación, oferta inmobiliaria, demanda inmobiliaria

  • Gobierno: participación ciudadana, patrimonio, finanzas, gestión interna, posicionamiento internet, 

Dado que realizar un análisis para todos estos campos de actuación, excede de la cantidad de trabajo que estoy dispuesto a realizar en este blog, escogeré a modo de ejemplo uno de cada grupo:

  • Calidad del Aire: Instalación de estaciones de medida del nivel de CO2

  • Telecomunicaciones:  Instalación de antenas de WiFi públicas

  • Planificación: Suelo urbano disponible

  • Accidentalidad: Número de accidentes mortales

  • Seguridad: Número de asaltos a personas

  • Precios de Suelo: Precio por zona

  • Participación Ciudadana: Incidencias en vía pública comunicadas mediante móvil

Asignaré a cada actuación cuatro variables: 

  • Coste económico: estimado en tres grados, bajo cuando es obtenible mediante un contrato menor, medio cuando su coste no supera los 50.000 euros y alto cuando supera los 100.000 euros.

  • Plazo de obtención: indica si el dato es preciso para tomar decisiones en minutos (bajo), en días (medio) o en meses (alto). Este parámetro es fundamental para la toma de decisiones.

  • Aportación funcional: alta cuando su resultado es crítico en la toma de decisiones, media cuando es importante, baja cuando no afecta de forma significativa 

  • Visibilidad: establece si los beneficios serán más o menos perceptibles por la ciudadanía, baja supone que sólo será útil para colectivos especializados, media que será útil para ciudadanos con implicación en la gestión de la ciudad y alta que será perceptible por todos los ciudadanos.

El siguiente cuadro indica los campos seleccionados y los pesos para cada variable, son una estimación metodológica, un análisis en profundidad probablemente los retoque:

Si construimos un gráfico que intente reflejar las cuatro variables quedaría de esta forma:

Se observa que una aplicación de móvil para incidencias tiene un coste bajo, su información es útil para adoptar decisiones rápidas, no tiene un aporte funcional muy elevado porque suelen existir mecanismos alternativos pero consigue una alta visibilidad por la ciudadanía.

El análisis de las actuaciones de Smart City a realizar debe tener en cuenta al menos estas variables, pera será fundamental conocer el entorno social y tecnológico de la ciudad existente, priorizando las soluciones para los problemas mas urgentes, adecuando la tecnología aplicada a la capacidad para asumirla de sus agentes urbanos, distribuyendo en el tiempo el despliegue, usando los recursos para obtener el máximo rendimiento posible, colocando cimientos que permitan progresar y aprovechando las lecciones aprendidas de otras ciudades que han instalado sofisticados sistemas que no es posible mantener y terminan convirtiéndose en chatarra pagada con dinero público.

La guerra de la Smart City

Hace unos días tuve el honor de participar en una Mesa de Debate en el II Congreso Nacional de Municipios y Ciudades Inteligentes celebrado en Tlalnepantla de Baz (México) dedicada al tema «Innovación, Estrategias, Plataformas Tecnológicas y Herramientas Digitales para la Ciudad y su Conectividad». Donde hablé un ratito sobre los temas que siempre me preocupan. En esta entrada os adjunto los textos que preparé para esa intervención, aunque lo que dije no siempre coincidió con lo preparado (las cosas de soltar un discurso de memoria por un orador sin memoria).

La ciudad es como una como empresa, una empresa que mientras es un pequeño negocio su propietario tiene todos los números en la cabeza: conoce de memoria el contenido de su almacén, recuerda quién le debe dinero y no necesita abrir los sobres que le manda el banco para conocer su saldo. Cuando la empresa crece todo se complica, el propietario empieza a depender de otras personas, aparecen multitud de departamentos, lo que antes eran pasos sencillos ahora son procesos complejos. Crecer siempre me ha traído problemas.

Por eso las medianas y grandes empresas han incorporado muy rápidamente sistemas tecnológicos, ya que facilitan el conocimiento real e inmediato de lo que sucede. Su consejo de administración está viendo en tiempo real cómo se comporta la curva de ventas, los paneles de la bolsa informan al patio de cómo está el valor de sus acciones, el puesto de control de la central eléctrica permite ajustar en milisegundos la producción eléctrica a la demanda para no desperdiciar energía…

Y todo eso es posible porque todas las operaciones empresariales se han convertido en transacciones, se han digitalizado en todo su curso: los movimientos de dinero entre cuentas, las compraventas de acciones, las señales de un sensor o las órdenes a un sistema de producción de energía, son todas operaciones completamente digitales.

Sin embargo, en muchos aspectos de nuestras ciudades, esa transformación digital es aún una asignatura pendiente. Sus regidores no disponen de los datos precisos para tomar decisiones. Sin duda también porque la ciudad es mucho más compleja que una empresa.

Vamos a intentar hacer una síntesis de los componentes y procesos a que están sometidas y cómo enfocar su digitalización.

La ciudad suelo dividirla en dos porciones: el común, la porción que es propiedad de todos y la privativa, la que es propiedad de los ciudadanos, al menos de algunos ciudadanos.

La porción común esta administrado por la autoridad elegida por los ciudadanos, quien debe responder ante ellos de la calidad de su administración y en consecuencia no puede o no debe hacer lo que quiera, sino lo que sea más beneficioso en cada momento al conjunto de la ciudad. La porción privativa está administrada por su propietario, pero tampoco puede hacer lo que quiera ya que su capacidad de acción está limitada por la autoridad del común en orden a que la ciudad sea funcionalmente aceptable.

Esta división deriva en un campo de batalla urbano: por una parte, la administración planifica, legisla, recauda y organiza para asegurar el funcionamiento del común y limitar el desorden de la parte privativa, por la otra los agentes urbanos compiten por obtener el mejor rendimiento del mercado inmobiliario, en medio quedan los ciudadanos que, de forma individual, mediante asociaciones o con su voto premian o castigan al administrador y enriquecen o arruinan al agente urbano.

Rectifico, la ciudad no es como una empresa, es mucho peor, es todo un mercado lleno de intereses contrapuestos. Y encima, aquí tenemos a la tecnología, como una especie de sofisticado armamento, que ayuda a la administración a planificar, a recaudar, a mejorar el rendimiento y a vigilar que todo vaya bien, ayuda a los agentes urbanos a mejorar sus oportunidades y ayuda a los ciudadanos a comprender mejor lo que pasa, a incidir allí donde más duele y a mejorar su coordinación interna para presionar a todos.

Hace pocos días yo, como biólogo, argumentaba que la ciudad no es un ecosistema porque faltaba el ingrediente principal de los ecosistemas naturales: la lucha por la supervivencia. Estaba completamente equivocado, la ciudad es un verdadero ecosistema porque la lucha es constante, la lucha por el voto, por el mejor terreno, por el mejor contrato de servicios, por la mejor vivienda, por el trayecto de menor duración, por el medio de transporte más cómodo, por visitar el sitio más interesante, por la escuela más cercana…

Y como en los sistemas naturales precisamente es esa tensión la que garantiza a todos los equilibrios urbanos, el climax ecosistémico, sin el que la ciudad puede estar abocada al desastre.

El armamento tecnológico sin duda puede ayudar a la ciudad, lo debe hacer proporcionando a todos los contendientes los componentes para ejercer mejor su función, porque si es capaz de ayudar a las empresas cómo no va a serlo de ayudar a las ciudades. Pero armar a la ciudad no es una obligación exclusiva del administrador urbano, es una obligación de todos los contendientes.

Intentando abordar el problema desde un punto de vista sistémico, las actividades urbanas se basan en tres componentes:

  • La información: no se deben adoptar decisiones sin información, ¿conocemos bien la ciudad?, su planificación, la distribución física de todos sus objetos y sistemas, el reparto de los derechos y las obligaciones sobre el suelo y las construcciones, el estado y funcionamiento de sus instalaciones, de sus edificios, de sus equipamientos, de sus servicios, de los sistemas de movilidad y transporte… de tantos y tantos aspectos que forman ese gran organismo que es la ciudad.

  • Los procesos: la ciudad está sujeta a cambios constantes y la mayoría de sus transformaciones están dirigidas por procesos de autorización, de construcción, de utilización o de control, ¿podemos seguir esos procesos?, ¿conocemos su trayecto, su éxito o fracaso? Porque los procesos son esenciales para garantizar la armonía urbana y las relaciones entre todos los que intervienen en ellos.

  • Las actividades: al fin y al cabo, la razón de ser de la ciudad es proporcionar un medio ambiente propicio para el desarrollo de la actividad humana, ¿sabemos los suficiente de cómo se desarrollan esas actividades?, ¿las podemos pulsar para asegurarnos de que se desarrollan con normalidad?, ¿de qué acciones podemos adoptar para mejorarlas?, ¿de prever las posibles disfunciones para atajar los problemas?, ¿de prever las necesidades y los riesgos para evitar desastres?

La tecnología tendrá que ayudarnos en los tres frentes;

  • Construir información nunca ha sido sencillo, y menos en la ciudad porque es un espacio y fabricar y manejar información espacial, hasta hace poco era muy caro y estaba reservado a gente especializada. Pero eso ha cambiado drásticamente, todos estamos fabricando información espacial en nuestra vida diaria, pero se la regalamos a Google, hay que conseguir que la colaboración fabrique información espacial para el beneficio de la ciudad.

  • Gestionar los procesos es esencial, su único inconveniente es que tiene que afectar a todos sus nodos: el funcionario, el técnico urbano, el agente inmobiliario, la empresa de servicios, el ciudadano por supuesto a los objetos involucrados en los procesos y aquí entra el Internet de las Cosas como elemento fundamental ya que muchos objetos urbanos pasan a ser intervinientes de procesos.

  • Convencer a todos de que debe haber un cierto nivel de conocimiento de las actividades no es fácil, entre otras cosas porque entramos en el proceloso mundo de la privacidad y de la seguridad. Uno de los grandes retos de la ciudad inteligente será cómo compatibilizar la necesidad de saber que está pasando, con la necesidad de conservar la privacidad. Sabiendo que la informática aún está llena de agujeros incontrolables por donde nuestros datos personales escapan de todo control.

Conclusión

La implantación de la Smart City es el resultado de la impregnación de tecnología en todos los estamentos, en todos los procesos y en todas las actividades que forman la ciudad. Una impregnación con múltiples facetas y momentos: el impulso institucional, la innovación industrial, la colaboración ciudadana, el ahorro económico, la reducción de la huella de carbono, la mejora de la calidad de vida… Una impregnación a veces casi inconsciente pero que poco a poco irá cambiando profundamente la forma de interacción entre la ciudad y sus ciudadanos.

Avances en urbiThings

En los últimos meses el desarrollo de urbiThings ha avanzado de forma notable, por fin vamos viendo lo que será una auténtica plataforma GIS en la nube y un Catálogo global de geoservicios. En este post haré un repaso breve de las nuevas funciones y un avance de lo que esperamos que esté disponible en este año 2018.

Nuestro Catálogo global de geoservicios, fundamentalmente de mapas, dispone ya de cerca de 227.000 mapas accesibles directamente, publicados por 1.066 organizaciones de todo el mundo. Hemos cubierto casi completamente España y LATAM, pero Europa y Norteamérica tienen una enorme cantidad de servidores aún por explorar. Todos los mapas están referidos a alguno de más de 518.000 territorios existentes en la base de urbiThings , asignado a uno de sus temas y por supuesto a la organización que lo publica. Estimamos que aún quedan por incluir en el Catálogo por lo menos 1.000.000 de mapas.

Si su organización, (aunque sea unipersonal) es una de esas que nuestro explorador de mapas ha identificado e incluido en el Catálogo, y le parece que no es conveniente su publicación, o tiene reparos en como se ha clasificado o dispone de modificaciones que le interesa incluir, no tiene más que enviarnos un correo a [email protected] y le daremos un Acceso para gestionar sus mapas o bien lo haremos nosotros mismos siguiendo sus indicaciones.

Si su organización no está en el Catálogo y le interesa que sus mapas se incluyan, tampoco hay problema, simplemente registre su organización en urbiThings y comience a incluirlos. Además podrá organizarlos en carpetas según su propio criterio. Ninguna de estas operaciones tiene coste alguno.

Recuerde que mediante el Catálogo de urbiThings los usuarios pueden acceder simultáneamente y desde un visor único a los mapas publicados por todas esas organizaciones.

En este momento es posible añadir al Catálogo mapas de teselas y vectores servidos por Geoserver y ArcGis Rest. Para fin de año lo habremos completado con servidores MapServer y MapGuide. También tendremos funcionando los accesos directos a Mapa de forma que sea muy sencillo compartir un mapa por correo o en una red social.

urbiThings no se limita a publicar mapas de servidores remotos. Proporciona un entorno de creación o importación de Conjuntos de Datos que son almacenados en nuestra base de datos espacial. A partir de esos Conjuntos, los usuarios pueden publicar sus propios servicios WMS de mapas estándar, accesibles desde cualquier cliente WEB o Desktop. Los primeros Datasets y Servicios son gratuitos, simplemente se precisa una cuenta de correo verificable para crear una Cuenta de urbiThings.

Ya es posible crear y editar Conjuntos de Datos a partir de Hojas en formato XLS con columnas de coordenadas o por geodireccionamiento, se pueden ampliar por combinación con otras Hojas en formato XLS, siempre que tengan un campo en común. Y se pueden exportar como ficheros SHP si el administrador de la cuenta lo considera conveniente, estableciendo el modo de licencia de uso según Creative Commons.

De cada Conjunto, es posible crear tantos servicios de mapas temáticos como se necesiten, servicios cuyo estilo ya es editable en línea. Ampliar un Conjunto de Datos y modificar sus Mapas en línea sin necesidad de mas herramientas que urbiThings nunca ha sido tan fácil.

En este aspecto tenemos pendiente la importación de datos en formatos GeoRSS y de imágenes en formato ECW. Estamos trabajando intensamente en funciones de procesamiento espacial de Conjuntos de Datos para realizar operaciones de dissolve, intersección, unión, proyección…, como vía para independizar al usuario de urbiThings de la necesidad de utilizar otras aplicaciones GIS. También en poder crear por el usuario Servicios de Geocoding a partir de un Conjunto de Datos de forma que publicar un servicio de callejero o un servicio de parcelario sea una operación sencilla.

La Colaboración reglada y transaccional (véase Modos de Colaboración: Transaccional vs No Transaccional) se basa en Conjuntos de datos mantenidos mediante geotransacciones, datos que en realidad ya están contenidos en los planes, operaciones, proyectos y expedientes de papel que las empresas e instituciones utilizan en su operativa diaria.

Ya estamos cerrando las funciones de edición y operación de geotransacciones y estarán disponibles en este año. Simultáneamente estamos utilizando municipios españoles y brasileños para demostrar la posibilidad de mantener colaborativamente Inventarios de Objetos urbanos compuestos por millones de elementos. Cuando esté concluida la tarea, se podrá demostrar que la cartografía territorial ya no será necesariamente el resultado de un proceso de observación pasivo y superficial, sino de un proceso activo, colaborativo y holístico, donde los trabajos aéreos o la recolección de campo pasan a ser meras actividades de inspección y comprobación.

Se ha finalizado el Registro de Cuentas (organizaciones) y Accesos (usuarios), completando los procesos de alta y verificación, para asegurar el cumplimiento de la legislación sobre protección de datos personales. Los perfiles de cuenta y acceso ya están accesibles y editables, también están disponibles las funciones de gestión de Accesos para los administradores de una Cuenta.

Hemos implementado las funciones para la creación de Equipos de Trabajo. Toda Cuenta de urbiThings puede admitir en su Equipo a otras cuentas, bien por decisión de su administración o bien por solicitud de las otras Cuentas. Los miembros del Equipo podrán acceder en lectura o escritura a los Conjuntos de Datos de la Cuenta líder del equipo y a sus Servicios de Mapa. Con ello damos pié a que la Colaboración sea el verdadero motor de la creación de datos.

Cualquier organización con Cuenta en urbiThings puede individualizar su acceso creando un sitio propio (del estilo: www.urbithings.com/MiOrganizacion.maps). Aunque esta opción en este momento tiene un coste (consulte los planes de contrato de urbiThings).

Mediante un Sitio Web cualquier organización dispone de un geoportal propio a muy bajo coste, con acceso directo a sus Mapas y Conjuntos de Datos.

No es nada sencillo comprimir dentro de la ventana gráfica de un navegador toda la funcionalidad necesaria para buscar, ver y editar información espacial, sobre todo cuando los usuarios tienen monitores pequeños. Tampoco es sencillo ajustarse a las limitaciones de memoria y usabilidad que imponen las interfaces basadas en javascript y los framework de aplicaciones web.

Todo ello hace complicado para muchos usuarios entender y utilizar urbiThings. En este aspecto estamos trabajando permanentemente en simplificar en lo posible las tareas más inmediatas por ejemplo: buscar y utilizar mapas. Aunque por otra parte la adición permanente de nuevas funciones y utilidades no ayuda a simplificarlo.

Hemos mejorado mucho la usabilidad y rendimiento de la utilidad de Imprimir. Estamos trabajando en implementar funciones de swipe que permiten descorrer una capa para poder ver lo que está debajo, en funciones para incluir vistas de Google Street View, en funciones para dividir la pantalla y poder comparar un mismo sitio con mapas diferentes, en incluir nuevas capas base como Yandex o Here y en ampliar los servicios soportados de Direcciones para localizar casi cualquier cosa.

Siempre agradecemos cualquier sugerencia sobre mejoras de la interfaz que ayuden a la usabilidad.

En este momento urbiThings soporta siete idiomas: Español de España, Portugués, Catalán, Gallego, Rumano, Inglés y Búlgaro. Está en proceso de inclusión el Portugués de Brasil. Si alguien tiene interés en aportar un nuevo idioma o corregir alguno de los existentes, con mucho gusto le remitiré una hoja de cálculo con los idiomas actuales, donde podrá añadir uno nuevo o retocar uno existente, aunque esta es una tarea inacabable.

También estamos en el proceso de completar y traducir la ayuda de urbiThings (http://help.urbithings.com), intentando que sea lo más visual posible con pequeños vídeos sencillos. En pocos días tendremos en funcionamiento un pequeño foro interactivo donde exponer cualquier tema con mayor detalle.

Ignacio Arnaiz Eguren

Director de Arnaiz Urbimática SL

urbiThings y la Gestión de Expedientes en las Instituciones públicas

Todas (o casi todas) las actuaciones que realiza una institución pública, se tramitan y guardan formando una carpeta, un dossier,  un legajo o un “expediente”, que se identifica asignándole un número único y que contiene, ordenados cronológicamente, los documentos generados durante el procedimiento  o “tracto sucesivo”. Esta es la forma estándar de ordenar, identificar y tipificar la actividad administrativa.

El expediente nace de una solicitud externa o de una necesidad interna, recorre un proceso de tramitación durante el que acumula acciones y documentos y normalmente termina con una resolución o acto administrativo final. Inevitablemente su destino desemboca en el archivo, el infierno de los expedientes (al menos de los rechazados o inconclusos).

Las formas de control de la tramitación de los expedientes, en la administración pública española, dan para escribir una enciclopedia. Baste decir que tras muchas idas y venidas tecnológicas la tendencia general es simplemente la anotación cronológica de los hechos con sus documentos adjuntos y una selección de los datos más relevantes (la “ficha” del expediente) a los efectos de su control, asignación, notificación y estadística.

Cuando los expedientes se refieren a un aspecto territorial o pueden geolocalizarse de alguna forma, la opción más usual es representarlos en un mapa. En la Gerencia de Urbanismo de Madrid, a finales de los años noventa del siglo pasado, a esos expedientes les llamábamos los “geoexpedientes”.

Por ejemplo, cuando la actuación del expediente se puede referir a una parcela o una finca lo habitual es consignar en el geoexpediente una referencia catastral o una calle y un número, porque esos son los pocos elementos georreferenciados disponibles en nuestros sistemas públicos. Es el mecanismo de relación espacial entre la carpeta y el objeto espacial al que afecta. Los problemas vienen cuando el geoexpediente se refiere a elementos futuros que aún no tienen referencia catastral, ni calle, ni número o a elementos pasados, a los que ya no se tiene acceso porque han caído en el submundo del archivo. Por supuesto que esta forma de montar geoexpedientes es absurda e insuficiente.

Por otra parte, urbiThings (en su aspecto de herramienta de Colaboración reglada) tiene por objeto construir y mantener Inventarios que representan a los objetos pasados, presentes y futuros de un territorio. Para ello establece una operativa de sincronización entre las acciones que transforman el territorio real con las acciones que transforman el territorio virtual inventariado. ¡Y esas acciones transformadoras son expedientes!, los verdaderos** geoexpedientes**, los procesos administrativos que controlan la transformación territorial.

Y eso es así porque en nuestras sociedades, llenas de reglas y procedimientos, no se realizan transformaciones territoriales sin una autorización administrativa previa, sin un proceso de inspección de su ejecución y sin una verificación final del resultado, es decir sin uno o varios geoexpedientes de por medio (entre otras razones porque esa actividad de control genera ingresos), por eso el geoexpediente no tiene asignada una dirección o una referencia catastral, tiene una relación fuerte con los objetos que destruye, altera o crea.

En este post voy a intentar realizar una analogía de este sistema con el funcionamiento de una empresa de producción y distribución de bienes, de forma que el ejemplo de una nos sirva para mejor entender el funcionamiento de la otra.

Las empresas de producción de bienes, por complejas que sean, se basan en un proceso relativamente simple: adquieren materiales, los procesan y los venden mediante diversas acciones de adquirir, procesar, vender. Acciones que se materializan en actos concretos: pedido de compra, orden de fabricación, pedido de venta, albarán de entrega y factura de venta. Cada acto podrá afectar a un bien o a un conjunto de ellos. Dado que esos procesos se verifican simultáneamente sobre multitud de bienes, la empresa necesita almacenes de bienes donde están en diferentes estados y sujetos a transformación constante.

Suele ser un buen objetivo empresarial optimizar el funcionamiento de esos almacenes para que tengan el menor tamaño posible, en orden a minimizar el capital inmovilizado. Para conseguirlo se ocupa de controlar minuciosamente los actos que alteran el almacén y de que su inventario se sincronice exactamente con la realidad. Si el almacén es grande y variado, no puede dedicar periódicamente tiempo y recursos a  inventariarlo, porque además de costoso, es el síntoma de una empresa mal gestionada.

Si asimilamos esta empresa a una institución pública, los actos son expedientes y el almacén es la ciudad (salvando las diferencias estratégicas en sus objetivos y en el ciclo de vida de sus productos), así visto no hay mucha distancia operacional entre una empresa y un ayuntamiento.

Pues bien, aunque desde un punto de vista empresarial sería un sinsentido, las ciudades rehacen periódicamente el inventario de su almacén haciendo una fotografía de todos sus estantes y contando en ella todos los bienes encontrados. Y lo hacen así porque sus sistemas de control de actos, de expedientes, no se ocupan de realizar las operaciones necesarias sobre el almacén para mantenerlo actualizado. Los actos y el almacén están desconectados.

Retomando el símil empresarial, el papel de urbiThings es un gestor de almacén, se ocupa de procesar todos los actos de adquisición, alteración o eliminación de los objetos territoriales mediante lo que llama “Instrumentos”. Mientras que el Gestor de Expedientes es la aplicación empresarial que controla y autoriza los procesos de adquisición, transformación y eliminación de bienes territoriales.

¿El territorio (el almacén) y el Gestor de Expedientes pueden funcionar desconectados? Por supuesto, lo llevan haciendo toda la vida. ¿Deberían estar conectados? Por supuesto, no cabe en cabeza humana otra posibilidad. ¡Dígale al empresario que fotografíe su almacén de cuando en cuando para actualizar el inventario!

Veamos el funcionamiento con mayor detalle: cuando un ciudadano se acerca a la ventanilla de entrada (digital y única por supuesto) de una institución y entrega una solicitud con la intención de realizar una trasformación territorial (por ejemplo una Licencia de Nueva Obra), rellena un impreso de solicitud que describe someramente lo que pretende, paga una tasa, y lo acompaña con un proyecto básico de ejecución, que es una versión simple y en papel del proyecto de obra (hay que hacer constar que a nuestros efectos un fichero digital pdf también es papel).               

El funcionario de turno lo examina, lo informa, lo marea y tras unos días o meses el órgano competente lo autoriza, lo rechaza o incluso lo ignora (se traspapela). A priori no se parece mucho a un acto de compra de un bien, pero en realidad si lo es. La solicitud es un pedido de compra y el bien es un derecho de construcción. Si la compra se autoriza el bien entra en el almacén, si la licencia se autoriza el derecho de construcción entra en el almacén de derechos. (Porque la ciudad es un inmenso almacén de derechos, no solo hay objetos materiales).

El acto administrativo tiene un efecto sobre el almacén, en nuestro esquema la Gestión de Expedientes orquesta la actualización del inventario en urbiThings. Los geoexpedientes actúan sobre los objetos territoriales.

En una fábrica el producto final suele ser complejo, una suma de productos primarios, de procesos y actuaciones hasta llegar al producto final. De la misma forma esa Licencia de Obra se complicará con expedientes de control de inicio y final de obra, de ocupación, de alteración, de propiedad horizontal… hasta llegar al producto terminado, el flamante nuevo edificio lleno de inquilinos y comercios. Habrá cambiado el Inventario de Derechos, el Inventario de Edificios, el Inventario de Patrimonio municipal, el Inventario de Mobiliario urbano, el Inventario de Infraestructura de Agua, de Saneamiento, de Electricidad, de Alumbrado, de Movilidad, de Telecomunicaciones, el Padrón…

El geoxpediente no se localiza por una referencia catastral, no se encuentra en una dirección de una calle, el geoexpediente comanda un cambio complejo del almacén urbano, lleno de objetos y relaciones guardado celosamente por urbiThings.

Ignacio Arnaiz Eguren

Director de Arnaiz Urbimática